¿Te has preguntado alguna vez cómo podemos ayudar a nuestros niños, niñas, jóvenes y adolescentes a enfrentar los desafíos emocionales de la vida cotidiana? En un mundo en donde el cambio es inevitable, donde la presión académica, las tensiones sociales y la omnipresencia de la tecnología moldean la experiencia diaria, es importante desarrollar estrategias que promuevan su bienestar psicoemocional. Ante este escenario, resulta fundamental desarrollar estrategias que no solo favorezcan y promuevan su desarrollo integral, sino que, también prevengan la configuración y consolidación de problemáticas emocionales en la adultez.
En Chile, estudios recientes reflejan una realidad preocupante: el Ministerio de Salud (MINSAL, 2021), ha señalado que un porcentaje considerable de niños, niñas, jóvenes y adolescentes presentan síntomas de malestar emocional, como ansiedad y depresión, afectando su rendimiento académico, sus relaciones interpersonales y, en última instancia, su bienestar en general. A nivel global, UNICEF (2021) advierte que gran parte de los trastornos mentales en la adultez tienen sus raíces en experiencias vividas durante la niñez y adolescencia, lo que subraya la importancia de intervenir tempranamente.
Frente a este panorama, la promoción de la salud mental requiere un enfoque práctico y multidimensional, que involucre el hogar, las instituciones educativas y la comunidad. Estrategias como la creación de espacios de conversación en casa o la implementación de talleres psicoeducativos sobre bienestar emocional pueden marcar una diferencia significativa en la capacidad que poseen los niños y jóvenes para gestionar saludablemente sus emociones. La promoción de la salud mental en la niñez y adolescencia se basa en la identificación temprana de factores de riesgo, en el establecimiento de rutinas saludables y en la creación de espacios de comunicación abierta y empática.
La evidencia científica respalda estas intervenciones: La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) ha demostrado que fortalecer la educación socioemocional y la comunicación efectiva reduce significativamente la ansiedad y el estrés en niños y adolescentes. De manera similar, estudios impartidos por el Ministerio de Educación (MINEDUC, 2021) destacan que el fortalecimiento de redes de apoyo en la familia es clave para contrarrestar los efectos negativos de un entorno cada vez más digital y competitivo.
Este artículo busca entregar estrategias concretas y aplicables para madres, padres, cuidadores, educadores y profesionales de la salud, con el fin de que puedan contribuir activamente a la creación de entornos protectores y enriquecedores. A través de datos actualizados, ejemplos cotidianos y recomendaciones basadas en evidencia, buscamos transformar la manera en la que se promueve el bienestar psicoemocional de nuestros jóvenes, sentando los cimientos para un futuro en el que cada niñez y adolescencia pueda desarrollarse en un ambiente seguro, inclusivo y enriquecedor.
1. El rol del hogar en la promoción de la salud mental:
La familia es el primer espacio en el que los niños, niñas, jóvenes y adolescentes desarrollan sus habilidades socioemocionales. Según Bowlby (1988), la calidad del apego con las figuras parentales influye directamente en la regulación emocional y la construcción de relaciones interpersonales saludables. Un apego seguro favorece la confianza, la autonomía y la resiliencia, mientras que un apego inseguro puede estar vinculado a síntomas de ansiedad, baja autoestima y dificultades en la resolución de conflictos.
Desde esta perspectiva, es fundamental que madres, padres y cuidadores fomenten prácticas que fortalezcan la salud mental de sus hijos e hijas. La comunicación abierta y el reconocimiento emocional son claves en este proceso. Estudios realizados por UNICEF (2021) indican que los niños y adolescentes que crecen en entornos donde pueden expresar libremente sus emociones y recibir validación emocional tienen menos probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión en la adultez. En la vida cotidiana, esto se traduce en pequeños gestos que marcan una gran diferencia. Por ejemplo, cuando un niño expresa su miedo ante una situación nueva, en lugar de restarle importancia o invalidar sus emociones con frases como “No tienes por que estar asustado”, se puede entregar confianza y contención a través de frases como “Entiendo que te sientas asi, ¿Te gustaria que lo resolvieramos juntos? ”. Validar las emociones de nuestros niños y niñas nos permite que ellos aprendan a gestionarlas en lugar de reprimirlas.
Otro tipo de estrategias efectivas incluyen:
– Implementación de “rincones de conversación”: Es importante destinar un momento del día, como después de la cena o almuerzo, para que los niños, niñas, jóvenes y adolescentes nos compartan como se sintieron durante su jornada sin temor a ser juzgados. Un ejemplo concreto sería que cada integrante del núcleo familiar pueda mencionar algo que le hizo sentir feliz en el día, algo que le preocupó y algo por lo que se siente agradecido. Estas instancias promueven la reflexión emocional y refuerzan los vínculos afectivos en la familia.
– Rutinas de bienestar: Establecer horarios regulares para el descanso, la alimentación saludable y la actividad física. Investigaciones del Ministerio de Salud (MINSAL, 2021) destacan que una rutina estructurada reduce los niveles de cortisol (hormona del estrés) y previene alteraciones en el ciclo sueño y vigilia, las cuales están directamente relacionadas con la aparición de síntomas como la irritabilidad y la dificultad para concentrarse en entornos educativos.
– Fomento de la autonomía emocional: Es imperativo permitir que los niños y jóvenes tomen pequeñas acciones en su día a día, acorde a su nivel de desarrollo, con el fin de fortalecer su confianza y capacidad de autorregulación emocional. Por ejemplo, en vez de imponer que ropa usara el día de hoy, se les puede ofrecer opciones dentro de ciertos límites: “¿Prefieres la chaqueta azul o la chaqueta morada?” o “Puedes elegir entre natación y fútbol, ¿cuál te gustaría más?”. Estas pequeñas acciones fortalecen su autoconfianza y su capacidad de autorregulación.
La familia, como principal núcleo de la socialización, debe adoptar un rol activo y un enfoque práctico en el respeto y la contención, evitando prácticas que generen inseguridad emocional, como la invalidación de sentimientos o la sobreprotección, Un error común es minimizar las emociones de los niños y jóvenes con frases como “No llores por eso” o “No es para tanto, no tiene importancia”. Ya que, este tipo de respuestas transmite la idea de que sus emociones no son válidas, estas acciones pueden limitar la capacidad de afrontamiento de los niños y adolescentes y por ende, afectar su toma capacidad de toma de decisiones a futuro.
2. La importancia de la educación socioemocional en las escuelas
El ámbito escolar es un espacio fundamental para la promoción de la salud mental. Más allá de la enseñanza académica, las instituciones educativas constituyen un entorno clave para la formación de la identidad, el desarrollo de las habilidades sociales y la adquisición de estrategias de afrontamiento frente a problemáticas cotidianas. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024), la implementación de programas de educación socioemocional en los colegios puede reducir en un 30% la incidencia de trastornos emocionales en la adolescencia. Estos programas favorecen el desarrollo de la resiliencia, la regulación emocional y la capacidad de resolución de conflictos, lo que impacta de manera positiva tanto en el bienestar individual como a nivel de convivencia escolar.
En Chile, el Ministerio de Educación (MINEDUC, 2021) ha impulsado diversas estrategias para fomentar y fortalecer la educación socioemocional dentro de establecimientos educativos. Entre ellas se encuentran el desarrollo de planes de convivencia escolar, la inclusión de contenidos sobre bienestar emocional y la promoción de espacios de diálogo entre estudiantes y docentes. Este tipo de iniciativas han demostrado ser efectivas en la reducción de la violencia escolar y en un aumento significativo en la mejora del clima en el aula escolar. Sin embargo, su implementación aún enfrenta diversos desafíos, especialmente en comunidades con altos riesgo psicosocial y niveles de vulnerabilidad, donde los recursos y el acceso a un apoyo psicológico suelen ser limitados y escasos.
Para potenciar el impacto positivo de la escuela en la salud mental de los estudiantes, es fundamental adoptar estrategias concretas que permitan abordar la educación socioemocional de manera efectiva y accesible para todos los contextos educativos. Algunas incluyen:
– Capacitación docente en salud mental y bienestar emocional: Los docentes juegan un rol clave en la identificación y prevención de problemáticas emocionales en sus estudiantes. Según UNESCO (2022) los profesores que reciben formación en bienestar emocional tienen mayores herramientas para detectar signos de ansiedad, depresión o estrés en niños, niñas, jóvenes y adolescentes, además de promover un ambiente de aula seguro y contenedor.
– Creación de espacios de contención emocional dentro de las instituciones educativas: Es crucial que los colegios dispongan de áreas físicas y recursos destinados a la regulación emocional de los estudiantes. Espacios como los rincones de cama en salas de clases o salas de bienestar las cuales permiten que los niños y jóvenes tengan un lugar concreto en donde expresar sus emociones, regular su ansiedad y recibir el apoyo necesario cuando lo necesiten.
– Incorporación de estrategias de aprendizaje basada en la empatía y en la resolución de conflictos: El desarrollo de la inteligencia emocional dentro de las aulas de clases es clave para fortalecer y fomentar una sana convivencia escolar. Estrategias como el Role Playing, dinámicas de resolución de conflictos, círculos de diálogo o hasta instancias de juego han demostrado ser eficaces en la reducción del bullying y la mejora de la cohesión grupal entre los estudiantes. Por ejemplo, El programa Aprender a Convivir impartido por el Ministerio de Educacion (2024) y aplicado en los colegios de 160 comunas a lo largo del país, en el cual los mismo estudiantes participan en simulaciones de conflictos cotidianos en los que todos deben adoptar diversos roles y buscar soluciones mediante el diálogo y la mediación. Los resultados han demostrado una disminución en las denuncias de acoso escolar y un aumento en la percepción de pares.
3. El impacto del entorno digital y la necesidad de regulación
El crecimiento continuo de la tecnología y la facilidad de acceso a las redes sociales han transformado la manera en que niños, niñas, jóvenes y adolescentes interactúan con el mundo externo, generando tanto oportunidades como nuevos desafíos para su desarrollo psicoemocional. Si bien las plataformas digitales permiten el acceso a la información, la conectividad y el aprendizaje, su uso excesivo y sin regulación ha sido vinculado con un aumento significativo en los niveles de ansiedad, depresión y dificultades de socialización. (OMS, 2023).
La sobreexposición a pantallas, el consumo inadecuado de contenido digital y la presión social derivada de las redes sociales pueden afectar gravemente la autoestima, la regulación emocional y el sentido de identidad de los adolescentes. Un informe de UNICEF (2021) advierte que el ciberacoso se ha convertido en una de las principales amenazas para la salud mental de los jóvenes, con consecuencias como el aislamiento social, la disminución del autoestima y en casos más graves, la presencia de pensamientos suicidas. Además, la constante comparación con ideales irreales y cánones de belleza inalcanzables en redes sociales como Instagram o Tiktok puede generar sentimientos de insatisfacción y una distorsión de la autoimagen.
Frente a este escenario, es necesario establecer límites y fomentar un uso consciente de la tecnología.
Estrategias recomendadas para un uso saludable de la tecnología: Para mitigar estos riesgos y fomentar un uso consciente de la tecnología es fundamental que familias, educadores y comunidades promuevan estrategias que regulen y equilibren la vida digital de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes.
Educación digital responsable: Es clave integrar dentro del ámbito educativo, programas sobre el impacto del uso de redes sociales y estrategias para un consumo responsable de la información. (MINEDUC, 2021)
Supervisión y acompañamiento parental: Madres, padres y cuidadores deben informarse sobre el contenido que consumen sus hijos, es responsabilidad del adulto establecer límites concretos en el tiempo de uso de pantallas y fomentar espacios de conversación sobre sus experiencias en el internet. (UNICEF, 2021).
– Se recomienda ver contenido digital juntos y conversar sobre aquello, en lugar de solo restringir el uso, los padres, madres y cuidadores pueden sentarse con sus hijos a ver videos o revisar redes sociales juntos y preguntar sobre el contenido que estan viendo: Por ejemplo, ¿Que opinas de lo que dice X persona? ¿Crees que esto es real o está editado? ¿Si estuvieras en esa situación que harías?. Esto nos ayuda a reflexionar sobre las redes sociales, su percepción de ellas y la propia autoimagen que van creando de ellos mismos.
– Establecer horarios y rutinas equilibradas fomentan un uso responsable de la tecnología, por ejemplo, crear una zona libre de pantallas en el hogar; en el cual se puedan definir ciertos espacios y momentos sin dispositivos como lo es la mesa, durante las comidas o horas antes de dormir.
– También se recomienda el uso de alarmas o temporizadores para regular el tiempo de pantalla. Por ejemplo 1 hora de uso por cada 2 horas de deportes o actividades al aire libre.
Fomento de actividades offline: Incentivar la participación en deportes, actividades artísticas y encuentros presenciales con amigos ayuda a contrarrestar los efectos negativos del tiempo prolongado en entornos digitales. La OMS (2023) recomienda al menos una hora diaria de actividad física y momentos de interacción cara a cara con pares, para fortalecer la salud mental y el bienestar emocional.
– Se recomienda proponer desafios familiares, como juegos de mesa, deportes o incluso salidas con el fin de no acceder a internet. Fomentando actividades que no requieran de lo digital pero que sean atractivas a la vez.
En un mundo donde la tecnología está al alcance de nuestras manos y ya es parte de nuestra vida cotidiana, no se trata de culpar su uso, sino de aprender a gestionarlo de manera consciente y equilibrada. Es responsabilidad de los adultos y la comunidad generar espacios donde los niños, niñas, jóvenes y adolescentes puedan desarrollar su identidad, sus relaciones interpersonales y su bienestar emocional sin quedar atrapados en los efectos adversos de la tecnología a temprana edad y sus posibles consecuencias en el neurodesarrollo.
Promover la salud mental en las niñeces y adolescencias no es solo una necesidad, sino un imperativo ético, social y legal. No podemos seguir concibiéndola como un tema secundario o aislado: es la base sobre la cual se construye el desarrollo psíquico y emocional de cada niño, niña y adolescente, influyendo directamente en su bienestar presente y en su trayectoria futura.
Según organismos como la Organización de la salud (2024) y el Ministerio de Salud de Chile (2021), intervenir de manera temprana y fortalecer redes de apoyo reduce significativamente el riesgo de trastornos mentales en la juventud. Sin embargo, más allá de los datos, lo que está en juego es el derecho inalienable de las nuevas generaciones a crecer en un entorno que resguarde su bienestar integral.
La Ley de Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia en Chile nos recuerda que no basta con reaccionar ante el malestar cuando ya se ha instalado; es nuestra responsabilidad anticiparnos, prevenir y crear condiciones que protejan la salud mental de la infancia y juventud.
Esto no es una opción, es un deber ineludible. Como adultos, familias, educadores, profesionales y sociedad en su conjunto, somos responsables de garantizar que cada niño, niña y adolescente tenga acceso universal a espacios seguros, contenedores y libres de violencia donde puedan desarrollarse plenamente. No podemos delegar esta tarea. Cada acción cuenta, desde una conversación en casa hasta la implementación de programas de educación socioemocional en las escuelas y el diseño de políticas públicas efectivas.
El desafío es claro: ¿cómo podemos asegurar que las nuevas generaciones no solo sobrevivan, sino que crezcan y prosperen en ambientes que promuevan su bienestar integral? La invitación está sobre la mesa. Reflexionemos, actuemos y asumamos nuestro rol con la urgencia y compromiso que esto demanda. Porque proteger la salud mental de la niñez y adolescencia es, en última instancia, proteger el futuro de nuestra sociedad.
Referencias Bibliográficas:
● Bowlby, J. (1988). Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
● EducarChile. (s.f.). Promoviendo la seguridad digital y el uso responsable de la tecnología en la educación. Recuperado de
●Ministerio de Educación de Chile (MINEDUC). (2024). A Convivir se Aprende
● Ministerio de Educación de Chile (MINEDUC). (2024). Programa de convivencia se amplía a 160 comunas.
● Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). (2013). Encuesta de Salud Escolar 2013.
● Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). (2017). Plan Nacional de Salud Mental 2017-2025. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
● Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). (2019). Guía de prevención del suicidio en establecimientos educacionales.
● Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). (2021). Informe sobre salud mental en la población infantojuvenil en Chile.
● Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). (s.f.). Salud Mental en la Atención Primaria de Salud: orientaciones.
● Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (2022). Cinco pilares esenciales para promover y proteger la salud mental y el bienestar en las escuelas y entornos de aprendizaje.
● Organización Mundial de la Salud (OMS). (2021). La salud mental de los adolescentes.
● Organización Mundial de la Salud (OMS). (2022). Salud mental: fortalecer nuestra respuesta.
● Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). La salud mental de los adolescentes.
● Universidad Católica de Chile. (2024). A Convivir se Aprende: el programa que busca cambiar la mirada sobre la convivencia escolar.
● UNICEF. (2021). Estado mundial de la infancia 2021: En mi mente – Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).