Historia de la Salud Mental.

De la Invisibilidad a la Crisis de Salud Pública Contemporánea

I. Introducción: De la Invisible «Locura» a la Crisis de Salud Pública

La percepción generalizada de que la salud mental «antes no era un problema como lo es hoy» requiere un análisis riguroso que trascienda la mera comparación estadística. La sensación de una «epidemia» contemporánea de trastornos mentales es el resultado de una convergencia de fuerzas históricas, sociopolíticas, clínicas y económicas. El sufrimiento psíquico siempre ha sido una constante en la experiencia humana; sin embargo, en épocas anteriores, este sufrimiento estaba sistemáticamente silenciado por el estigma, la falta de un marco conceptual adecuado y la exclusión social.

La transformación que se observa en la actualidad no es simplemente un aumento de la enfermedad, sino una compleja ecuación de Causalidad Dual. Por un lado, se ha producido un aumento dramático en la visibilidad y clasificación de los trastornos, impulsado por la reducción del estigma y la expansión radical de las categorías diagnósticas. Por otro lado, factores socioeconómicos y tecnológicos contemporáneos han generado nuevos y potentes estresores sistémicos que sugieren un aumento genuino de la incidencia real de psicopatología, especialmente entre las poblaciones más jóvenes y vulnerables.

Este informe examina detalladamente los cambios cruciales que han redefinido la salud mental, pasando de ser un asunto privado, moralizado y marginado, a una preocupación central de la salud pública global. La distinción fundamental que guía este análisis es que la prevalencia histórica del sufrimiento mental se encontraba drásticamente subestimada debido al silencio cultural, mientras que la visibilidad actual es una medida más precisa de la prevalencia real, aunque influenciada por la ampliación de la definición clínica.

II. El Factor Histórico: La Invisibilidad Cimentada en el Estigma y el Dualismo

Durante siglos, el sufrimiento mental no se abordó como un problema de salud que requiriera apoyo o tratamiento, sino como una desviación, una debilidad moral o, en sus manifestaciones más graves, como la «locura» que debía ser segregada de la sociedad.1 Esta conceptualización histórica actuó como una poderosa barrera que impedía la búsqueda de ayuda y el reconocimiento público de la enfermedad.

2.1. El Estigma como Barrera Epistémica y Social

La enfermedad mental ha estado históricamente asociada con la exclusión social y una profunda discriminación.1 El estigma operaba como un mecanismo de silenciamiento cultural, donde el costo social de la identificación (la amenaza de marginación, pérdida de empleo o internamiento) superaba con creces cualquier posible beneficio derivado de un tratamiento incipiente o ineficaz.

La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental se ha reconocido como uno de los desafíos de salud pública más complejos de la actualidad.2 El miedo, la incomprensión y los prejuicios contribuyen a la exclusión social que experimentan las personas con condiciones de salud mental.3 Es crucial entender que el estigma puede ser más duradero y poner más en peligro la vida que la propia condición de salud mental.3 En el pasado, esta amenaza aseguraba que la tasa de incidencia reportada fuera históricamente subestimada, pues solo los casos extremos y no funcionales entraban en el radar del sistema.

Este fenómeno de negación individual y familiar, impulsado por la amenaza de castigo social, creó un vacío estadístico en las épocas pre-siglo XX. La sociedad no «veía» el problema porque la cultura lo condenaba. El estigma, por lo tanto, funcionaba como un filtro de detección casi perfecto, garantizando que el sufrimiento común (depresión, ansiedad, trastornos del estado de ánimo) permaneciera invisible en el ámbito privado, mientras que solo la «locura» histórica era institucionalizada. Hoy, la actual visibilidad (prevalencia reportada) es una medida más cercana a la prevalencia real de la enfermedad que las cifras históricas.

2.2. Dominio del Modelo Biomédico Tradicional y el Dualismo Cartesiano

Históricamente, la comprensión de la enfermedad se basaba en modelos dualistas o puramente biomédicos. El dualismo interaccionista, por ejemplo, concebía la mente y el cuerpo como entidades separadas.4 Esta separación limitó la capacidad de la medicina para abordar los trastornos mentales de forma integral, dejando fuera la dimensión psicosocial y comunitaria.4

Bajo esta perspectiva tradicional, se solía considerar que un tratamiento puramente biológico (como un antidepresivo) no curaría la mente, ni la mente influiría completamente sobre el cuerpo. En consecuencia, la medicina tendía a ofrecer soluciones que eran solo un «parche» si la mente no se equilibraba de manera paralela.4 La falta de un marco conceptual holístico, como el que proporciona el actual Modelo Biopsicosocial (BPS) 5, significó que en el pasado, la raíz psicosocial de muchos problemas no se abordaba, limitando la esperanza de recuperación y, por ende, el incentivo público para reconocer y financiar la atención en salud mental.

La transición hacia la salud mental moderna exige la superación de este reduccionismo. El fracaso de los modelos previos en proveer soluciones efectivas para los problemas psicosociales contribuyó a la percepción de que la enfermedad mental era intratable o incurable, perpetuando así el ciclo de exclusión y silencio.

III. El Factor Diagnóstico: La Medicalización y la Ampliación de la Patología

El cambio más significativo en la definición del problema de salud mental en el siglo XX y XXI no se produjo en los laboratorios de biología, sino en las oficinas de los comités de clasificación psiquiátrica. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), conocido como la «Biblia de la psiquiatría» 6, es el producto institucional más relevante en este ámbito.6 Su evolución, especialmente a partir del DSM-III, ha reescrito lo que la sociedad considera «normal» o «patológico.»

3.1. La Revolución del DSM-III y la Expansión de las Categorías

A finales de los años 70, la psiquiatría enfrentaba una crisis de legitimidad y fuertes críticas de la antipsiquiatría sobre su incapacidad para definir objetivamente los trastornos mentales.6 En respuesta, el DSM-III (1980) adoptó una estrategia que buscaba criterios operativos y rigurosos. Este cambio de paradigma, sin embargo, no siempre fue el resultado de avances en el conocimiento científico.6

Uno de los impactos más notables de esta estrategia fue la introducción de un aumento radical de categorías de diagnóstico. El número de diagnósticos se disparó de 182 en el DSM-II a 265 en el DSM-III, y esta tendencia expansiva ha continuado a través del DSM-IV y DSM-5.6 Esta expansión constituye la base de lo que puede denominarse una epidemia de clasificación, donde la definición del problema se amplió drásticamente.

3.2. El Estrechamiento de los Márgenes de la Normalidad

El aumento de las categorías diagnósticas tiene una consecuencia directa: el manual tiende a estrechar los márgenes de lo normal, dejando menos espacio para la manifestación de la diversidad y diferencia inherente al ser humano.6 Esto conlleva un aumento significativo en el número de sujetos susceptibles de ser diagnosticados positivamente y, por extensión, de ser tratados con psicofármacos.6

Comportamientos y respuestas emocionales que antes podrían haber sido catalogados como «meras extensiones del comportamiento normal» o «simples excentricidades» pueden ser convertidos hoy en trastornos mentales.6 Este fenómeno es conocido como la patologización de la desviación y la medicalización de enfermedades sociales.6

La medicalización del sufrimiento, al etiquetar la tristeza, la ansiedad o la inestabilidad como patologías individuales (un déficit neuroquímico), desvía la atención de las causas estructurales que generan ese sufrimiento (por ejemplo, la precariedad económica o la inequidad).6 Si la respuesta a un problema social es meramente diagnóstica y farmacológica, se corre el riesgo de convertir el problema de lo social («la sociedad está enferma») en un problema individual, permitiendo a los sistemas políticos evadir la responsabilidad por los determinantes sociales subyecentes.

3.3. Controversias: La Influencia Sociopolítica y Financiera

La revisión histórica de las ediciones del DSM revela su naturaleza sociopolítica, indicando que factores de tipo ideológico o político han tenido una gran relevancia en su configuración, en ocasiones superando los criterios rigurosos y comprobables.6

El nuevo modelo introducido con el DSM-III y sus sucesores benefició a múltiples intereses creados. Proporcionó a los psiquiatras investigadores la fiabilidad y mesurabilidad necesaria para sus estudios; ayudó a los psiquiatras clínicos a legitimar los trastornos como entidades reales, facilitando así los reembolsos por parte de las aseguradoras; y sirvió para silenciar las críticas de la antipsiquiatría.6

No obstante, el beneficiario más polémico de esta expansión diagnóstica ha sido la industria farmacéutica. Al establecer numerosas categorías de diagnóstico específicas, estos trastornos se convirtieron en condiciones potencialmente tratables con productos farmacéuticos.6 Esta relación levanta importantes cuestionamientos sobre la independencia editorial del manual. Un estudio advirtió de conflictos de interés en el DSM-5-TR, indicando que hasta un 60% de los miembros del grupo de trabajo y del panel tenían vínculos económicos con la industria.8 La medicalización resultante, por lo tanto, no solo infla las estadísticas de prevalencia reportada, sino que también fomenta un enfoque biomédico que desplaza las intervenciones psicosociales y de salud pública.4

Table 1: Evolución Cuantitativa de las Categorías Diagnósticas (DSM)

Manual DSM Año (Aprox.) Número de Diagnósticos Implicación Clínica Principal
DSM-II 1968 182 Influencia psicoanalítica, amplio margen de normalidad.
DSM-III 1980 265 Adopción de criterios operativos, aumento radical de categorías.
DSM-5/5-TR 2013/2022 >300 Continuación de la expansión, estrechamiento de la normalidad.

IV. El Factor Socioeconómico: Determinantes Estructurales de la Incidencia Real

Si la medicalización explica el aumento de la clasificación, los determinantes sociales explican el aumento de la incidencia real. Hoy, la enfermedad mental es un problema más grande porque el entorno socioeconómico moderno está generando patología a nivel sistémico.

4.1. La Hipótesis de la Causalidad Social

La adopción del Modelo Biopsicosocial (BPS) como marco de referencia necesario para la psicología clínica y la salud pública contemporánea 4 ha permitido reconocer que la salud mental se ve profundamente influida por las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.10

Existe evidencia que sustenta firmemente la hipótesis de la causalidad social: la situación social y la vulnerabilidad por sí mismas son factores etiológicos que causan enfermedad mental, asociando la pobreza o la deprivación social a una mayor probabilidad de desarrollar trastornos.10

Esta comprensión requiere un abordaje holístico, superando el modelo biomédico tradicional, y exige que la salud pública tome un rol protagónico en la prevención y promoción de la salud mental.10 La incapacidad para abordar estos factores estructurales explica por qué, a pesar de los avances en el diagnóstico, la prevalencia del sufrimiento persiste e incluso aumenta.

4.2. El Impacto de la Pobreza, la Inequidad y el Estrés Moderno

La pobreza y la inequidad socioeconómica están fuertemente relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar psicopatología.10 Mientras que algunas condiciones, como la esquizofrenia, pueden tener una alta carga genética, otras enfermedades, como la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo o el abuso de sustancias, se deben fundamentalmente a dinámicas socioambientales.10

Además de la pobreza, los estilos de vida consolidados en la cultura occidental, marcados por altos niveles de estrés, deprivación, hábitos de consumo poco saludables, y la presión constante, incrementan la probabilidad de enfermar psíquica y físicamente.10 La crisis moderna de la salud mental se define por la intensidad y cronicidad del estrés sistémico que estos factores imponen, una diferencia crucial con las patologías psicosociales del pasado.

4.3. La Precariedad Laboral como Patógeno Social

Uno de los estresores crónicos más relevantes del entorno contemporáneo es la precariedad laboral y la inestabilidad económica.11 La sensación de precariedad afecta directamente la salud mental, especialmente la de los jóvenes.11

La precariedad laboral se asocia estrechamente con problemas de salud mental como el nerviosismo, la ansiedad, la depresión, el miedo y el sufrimiento.12 Esta inestabilidad económica constituye una de las pruebas más claras de que existe un aumento en la incidencia real de la enfermedad. El cambio no es solo que las personas reporten más síntomas, sino que el sistema económico moderno, al eliminar la seguridad laboral y habitacional, está generando activamente estas condiciones patológicas. Cuando la inseguridad es la norma, el resultado es un aumento sistémico de la ansiedad en la población.

A pesar de que el modelo Biopsicosocial enfatiza la necesidad de abordar la causalidad social 10, el porcentaje del gasto en salud mental dentro del presupuesto total de salud sigue siendo notablemente bajo en muchos países. Por ejemplo, en varios países latinoamericanos, este gasto varía entre 1.8% y 7%.10 Esta disparidad subraya que, si bien la sociedad ha reconocido el problema, la inversión para abordarlo en sus raíces estructurales sigue siendo insuficiente.

Table 2: Determinantes Sociales Clave de la Salud Mental Contemporánea

Determinante Social Mecanismo de Impacto Trastornos Asociados (Ejemplo) Soporte de Datos
Pobreza e Inequidad Socioeconómica Vulnerabilidad social, deprivación, estrés crónico. Depresión, TOC, Abuso de Sustancias. 10
Precariedad Laboral/Económica Inestabilidad, incertidumbre, sufrimiento percibido. Ansiedad, nerviosismo, depresión. 11
Estilos de Vida Consolidados Hábitos de consumo, estrés, modos poco saludables. Aumento de enfermedades de causalidad social. 10

V. El Entorno Digital y la Vulnerabilidad de la Juventud

Un factor etiológico distintivo del presente siglo, que era inexistente en épocas anteriores, es el impacto del entorno digital, especialmente las redes sociales, sobre la salud mental de los jóvenes.13 La tecnología ha introducido nuevos mecanismos de malestar psicológico que contribuyen directamente a la crisis contemporánea.

5.1. Mecanismos Psicosociales del Deterioro Digital

El uso intensivo de las redes sociales actúa como un factor de riesgo significativo. La frecuencia de uso aumenta directamente el Fear of Missing Out (FOMO) o Miedo a Perderse Algo Importante. Este fenómeno se traduce en sentimientos persistentes de insuficiencia, insatisfacción y aislamiento.14 Estos sentimientos, a su vez, deterioran negativamente el estado de ánimo y exacerban los síntomas preexistentes de depresión, ansiedad y estrés.14

La paradoja del entorno digital reside en que, si bien puede ser una herramienta para promover el contacto y la educación contra el estigma 3, su uso constante se convierte en un potente patógeno psicosocial. La tecnología ha alterado la forma en que los individuos, particularmente los adolescentes, experimentan la comparación social, magnificando la sensación de inadecuación personal.

5.2. El Ciberacoso y la Presión de la Imagen Idealizada

El entorno digital también introduce estresores específicos como el ciberacoso y la constante preocupación por no tener control sobre la información que otros publican.15 La exposición ininterrumpida a vidas idealizadas y filtradas en línea establece estándares inalcanzables. Cuando se combina este factor con la vulnerabilidad inherente a la juventud que ya enfrenta incertidumbre económica (precariedad) 11, la resultante es una generación que experimenta una carga doble de estresores estructurales y estresores digitales. Esta combinación de factores, desconocida en la era pre-digital, constituye una fuente clara de aumento de la incidencia real de la enfermedad mental.

VI. La Respuesta Moderna: Del Silencio a la Acción y la Adopción del Paradigma BPS

La diferencia más visible entre el pasado y el presente es el cambio en la respuesta social e institucional ante el sufrimiento mental. Hoy en día, la sociedad está comenzando a movilizar recursos y estrategias activas para combatir la invisibilidad que caracterizó a épocas anteriores.

6.1. La Lucha Activa Contra el Estigma

La disminución del estigma es un componente esencial para el fomento de la búsqueda de ayuda y el camino hacia la recuperación.3 Organizaciones internacionales de salud, como la OPS/OMS, han impulsado campañas específicas (ej. #HazTuParte) para abordar este problema.3

Estas estrategias para reducir el estigma operan a través de varios frentes 3:

  • Protesta: Comunicación de una clara objeción al estigma y la discriminación, a través de manifestaciones o campañas de defensa.
  • Educación: Campañas de alfabetización y concienciación pública, cruciales para ofrecer entornos seguros y comprensivos, especialmente en el sector sanitario.
  • Contacto: Fomentar el diálogo abierto y compartir historias de personas con experiencias vividas, lo que ayuda a cambiar las actitudes y comportamientos negativos del público general.3 Al invitar a las personas a romper el silencio y a «conversar sobre la salud mental,» se facilita directamente que busquen y reciban apoyo.3
  • Reforma: Búsqueda de la reforma de la legislación y las políticas para hacerlas más inclusivas.3

El éxito de estas iniciativas de salud pública es lo que valida el aumento de la prevalencia reportada. Cuanto más eficaces son las campañas de reducción del estigma, más personas se sienten seguras para reportar su sufrimiento y buscar ayuda. Este círculo virtuoso convierte la visibilidad del problema en el primer paso indispensable hacia la inversión adecuada en financiación y tratamiento, poniendo fin a la histórica negación social.

6.2. La Consolidación del Modelo Biopsicosocial (BPS)

La psiquiatría y la psicología clínica contemporánea han avanzado hacia la consolidación del Modelo Biopsicosocial (BPS) como un marco de referencia obligatorio.4 Este modelo integra los factores biológicos, psicológicos y sociales en la comprensión y el abordaje de la enfermedad.10

El BPS exige un abordaje holístico que supera el reduccionismo anterior.10 Esto implica desarrollar programas de colaboración interdisciplinar 5 y fortalecer la intervención comunitaria y el empoderamiento de los pacientes.10 Al reconocer que la depresión, la ansiedad o el TOC se deben fundamentalmente a dinámicas socioambientales 10, el BPS obliga a la salud pública a tomar un rol protagónico en la prevención, enfocándose en abordar los determinantes sociales, en lugar de tratar únicamente los síntomas individuales.

La transición al BPS, si bien no cura las patologías, proporciona un marco conceptual para entender que las condiciones que antes se consideraban puramente biológicas o una «falla» personal, son complejas y requieren una intervención que abarque los ámbitos de la vida cotidiana de las personas, incluyendo su sistema de salud, las condiciones laborales y la inequidad.10

VII. Conclusiones y Síntesis Analítica: La Convergencia de Factores

La pregunta de por qué la salud mental es un problema hoy, cuando aparentemente no lo era antes, encuentra su respuesta en la convergencia de profundos cambios estructurales y conceptuales que han elevado el sufrimiento psíquico de la esfera privada a la arena pública. La sensación de crisis no es un engaño, sino el reflejo de una realidad multifacética que ha sido, simultáneamente, descubierta y amplificada.

El problema de la salud mental es hoy más grande y visible debido a tres pilares interconectados:

  1. Desmantelamiento del Silencio Histórico (Visibilidad): El estigma, que históricamente actuó como un mecanismo de silenciamiento, ha comenzado a disminuir debido a las campañas activas de salud pública y la creciente concienciación.3 Esto ha permitido que el sufrimiento endémico que siempre existió sea finalmente reportado y contabilizado. La actual prevalencia reportada refleja una verdad sociosanitaria más precisa que las cifras subestimadas del pasado.
  2. Expansión y Controversia Diagnóstica (Clasificación): La psiquiatría, a través del DSM, ha expandido radicalmente sus categorías diagnósticas 6, estrechando los márgenes de lo que se considera normal. Gran parte del aumento percibido es, por lo tanto, una epidemia de clasificación que ha patologizado el sufrimiento normal y la desviación.6 Esta expansión no siempre se justifica por avances científicos, sino por motivaciones sociopolíticas y la influencia de intereses creados, como los de la industria farmacéutica.6
  3. Deterioro de los Determinantes Sociales (Incidencia Real): La evidencia contemporánea indica un aumento genuino de la incidencia de la enfermedad, impulsado por factores estructurales ausentes o menos prominentes en el pasado. La hipótesis de la causalidad social se confirma con el impacto de la pobreza, la inequidad socioeconómica y, de manera crucial, la precariedad laboral, que generan ansiedad y depresión sistémicas.10 Adicionalmente, el entorno digital introduce nuevos y potentes estresores psicosociales (ej. FOMO, comparación constante) que afectan particularmente a la juventud.14

En síntesis, la sociedad contemporánea tiene la conciencia y la capacidad diagnóstica para nombrar y medir el sufrimiento que siempre existió, mientras que simultáneamente enfrenta amenazas estructurales (económicas y tecnológicas) que están amplificando la incidencia real del problema a una escala nunca antes vista. Para abordar esta crisis de manera efectiva, es imperativo que las estrategias de salud mental fortalezcan el Modelo Biopsicosocial, invirtiendo en la salud pública para combatir la pobreza y la precariedad como patógenos sociales, superando así el reduccionismo biomédico que la patologización excesiva del DSM tiende a fomentar.

Obras citadas

1. estigma y enfermedad mental: un punto de vista historico-social, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, http://www.hhv.gob.pe/wp-content/uploads/Revista/2005/I/4-ESTIGMA_Y_ENFERMEDAD_MENTAL.pdf

2. La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental: Una estrategia compleja basada en la información disponible – SciELO España, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352008000100004

3. Campaña para la reducción del estigma en salud mental – OPS …, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.paho.org/es/campanas/haz-tu-parte

4. (PDF) El modelo biopsicosocial en evolución – ResearchGate, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.researchgate.net/publication/256812433_El_modelo_biopsicosocial_en_evolucion

5. El modelo bio-psico-social: Un marco de referencia, necesario para el psicólogo clínico, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://journals.copmadrid.org/clysa/archivos/1993/vol2/arti8.htm

6. La construcción del DSM: genealogía de un producto sociopolítico&, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.redalyc.org/journal/3397/339767305009/html/

7. Raíces y evolución del DSM – Dialnet, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3043153.pdf

8. Un estudio advierte del conflicto de intereses en el DSM5-TR – Infocop, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.infocop.es/un-estudio-advierte-del-conflicto-de-intereses-en-el-dsm-5-tr/

9. DSM: sigue plagado de conflictos de interés – Salud y Fármacos, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.saludyfarmacos.org/lang/es/boletin-farmacos/boletines/feb202505/67_ds/

10. Social Determinants of Mental Health: Public Policies Based on the …, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8678097/

11. La sensación de precariedad afecta a la salud mental de los jóvenes, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://elobservatoriosocial.fundacionlacaixa.org/es/-/sensacion-precariedad-afecta-salud-mental-jovenes

12. fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://archivosdeprevencion.eu/view_document.php?tpd=2&i=1281

13. Las redes sociales y la salud mental de los jóvenes, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://mhanational.org/es/resources/social-media-and-youth-mental-health/

14. fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.helpguide.org/es/problemas-de-la-adolescencia/las-redes-sociales-y-la-salud-mental

15. Las redes sociales y la salud mental: Adicción a las redes sociales, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.helpguide.org/es/problemas-de-la-adolescencia/las-redes-sociales-y-la-salud-mental

16. Estigma por la salud mental – CDC, fecha de acceso: noviembre 30, 2025, https://www.cdc.gov/mental-health/es/stigma/estigma-por-la-salud-mental.html

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