Ons (2018) explora las consecuencias de esta transformación en múltiples dimensiones: desde lo sexual hasta lo familiar, evidenciando cómo el cuerpo se convierte en una mercancía más dentro del sistema capitalista contemporáneo.
La pornografía y la despersonalización del cuerpo
La autora sostiene que la pornografía actual elimina el pudor y la vergüenza, convirtiendo al cuerpo en un objeto de consumo mecánico y despersonalizado. Este fenómeno, potenciado exponencialmente por las tecnologías digitales, se refleja en el auge de prácticas masturbatorias compulsivas, que evitan la complejidad emocional y subjetiva del deseo hacia otro (Ons, 2018).
Así, la pornografía se presenta no solo como un síntoma individual, sino como una problemática social que expone profundas crisis en las formas actuales del deseo y del vínculo afectivo.
Diferencia entre transgresión perversa y pornografía digital
Ons (2018) señala la importancia de la distinción entre la transgresión perversa clásica, como la descrita por el Marqués de Sade, y la pornografía digital actual, caracterizada por su naturaleza repetitiva y mecánica. En este punto, resuena la afirmación de Slavoj Žižek:
«El exceso de exposición y transparencia absoluta del cuerpo elimina justamente aquello que permite al deseo humano sostenerse: el misterio, lo inaccesible y lo velado» (Žižek, 2017).
Desde el Centro Subjetivamente compartimos plenamente este diagnóstico. En nuestra práctica clínica diaria, observamos síntomas cada vez más frecuentes como ansiedad, inseguridad en las relaciones, aislamiento social y dificultades para construir vínculos afectivos auténticos y duraderos.Estas manifestaciones revelan no solo una crisis en la gestión del deseo sexual, sino también una crisis más amplia de identidad y subjetividad, derivada del vacío emocional y existencial característico de la cultura contemporánea.
Siguiendo la línea del psicoanalista Byung-Chul Han,
“El exceso de positividad y exposición digital no genera individuos más libres, sino sujetos profundamente fatigados, sobreexigidos, incapaces de establecer vínculos reales con otros y consigo mismos” (Han, 2012).
En esta perspectiva, la pornografía y otras adicciones digitales no son únicamente síntomas individuales, sino que reflejan un problema social y cultural más profundo: el mandato contemporáneo de satisfacción inmediata que debilita nuestra capacidad de tolerar la frustración, de sostener el deseo auténtico, y de construir relaciones verdaderamente íntimas.
Finalmente, creemos que parte esencial de nuestra tarea como terapeutas, educadores y sociedad, es recuperar un discurso sobre la importancia de los límites y la regulación saludable del goce.
Retomando a Jacques Lacan:
«El goce absoluto es siempre destructivo» (Lacan, 1972).
Proponemos restablecer una conciencia crítica que permita desarrollar una resistencia ética frente al mandato contemporáneo de gozar sin límites ni reflexión. Se trata, en definitiva, de reivindicar la capacidad humana de sostener el deseo en la tensión saludable entre satisfacción e insatisfacción, recuperación que consideramos crucial para la construcción de una subjetividad auténtica y plena.
Referencias
- Han, B. C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
- Lacan, J. (1972). Aun. El seminario, libro XX. Paidós.
- Ons, S. (2018). El cuerpo pornográfico: Marcas y adicciones. Paidós.
- Žižek, S. (2017). La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror. Anagrama.